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| Protegido por el monte Artxueta, en una pequeña llanada que se extiende a sus pies, se alza, sobre el corredor del Arakil y frente a la mole de San Donato, el santuario de San Miguel, hasta el que llega la carretera de Lekunberri.
Su origen, envuelto en leyendas, es probablemente mucho más antiguo que el santuario que podemos contemplar en la actualidad. Aunque parece que existen restos de un templo carolingio del siglo IX, las primeras fechas documentadas de su existencia son de 1032, en un documento del rey de Navarra Sancho el Mayor, y 1074, fecha de la primera dedicación de la actual iglesia románica. Su terminación data de 1141 y la pequeña iglesita que se encierra en su interior y en la que se conserva la boca de una pequeña sima por donde la tradición dice que huyó el dragón de la leyenda de Teodosio de Goñi, es posterior, de finales del siglo XII.
Al exterior muestra tres ábsides, el central poligonal y una bella portada cubierta por una especie de atrio cubierto y cerrado. Tiene tres naves, la capilla citada en el último tramo de la nave central y un nártex transversal al que se abren tres puertas correspondientes a las tres naves.
Pero si bello es el interior del santuario, no lo es menos el mobiliario, compuesto fundamentalmente por la imagen-relicario de San Miguel con la cruz sobre su cabeza, toda ella forrada de plata sobredorada, y la obra cumbre de la esmaltería europea, el frontal de esmaltes románico del siglo XII. Lo preside la mandorla central de Santa María con el Niño, rodeada por los símbolos de los evangelistas y a la que acompañan 12 esmaltes de apóstoles, reyes magos, un ángel y otras dos figuras sin identificar. Fue robado en 1979 y recuperado en 1981.
Además del santuario, hay una ermita frente al ábside dedicada a la Santísima Trinidad y, anexo al santuario la casa del capellán y una hospedería y refugio. |
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